
El círculo de hierro del sexenio de Enrique Peña Nieto sigue resquebrajándose. Esta vez, el golpe lo recibió Carlos Alberto Treviño Medina, exdirector general de Petróleos Mexicanos (Pemex), detenido el 13 de agosto de 2025 en Estados Unidos, hecho que confirmó la presidenta Claudia Sheinbaum, hoy 14 de agosto, durante su conferencia matutina.
La acusación que lo persigue desde 2021 no es menor: recibir un soborno de 4 millones de pesos como parte del monumental entramado de Odebrecht, el mismo que salpicó a medio continente y que, en México, tiene nombre y apellido: la reforma energética del PRIAN, aprobada en 2013 gracias al pacto entre el PRI y el PAN para abrir el sector energético a la inversión privada.
Una cadena de mando muy relevadora
Pero lo que convierte este caso en una bomba política es la cadena de mando que señala directamente al entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso. Según el testimonio de Emilio Lozoya Austin — antecesor de Treviño en Pemex y quien después se volvió testigo colaborador—, los pagos a Treviño no fueron producto de una iniciativa aislada, sino que llegaron “por instrucciones de Videgaray” para asegurar voluntades políticas en el Congreso y allanar el camino de la reforma.
En los archivos de la FGR se lee que entre el 17 y el 20 de septiembre de 2014, Norberto Gallardo, un operador cercano al núcleo presidencial, entregó a Treviño esos millones en efectivo. El mismo día, otros altos funcionarios como José Antonio González Anaya y José Antonio Meade recibieron cantidades similares. Todo apuntaba a una estrategia de compra de apoyos que favoreció a Braskem, filial de Odebrecht, y a otros contratos estratégicos.
La sombra de Odebrecht en México tiene episodios tan oscuros como la adjudicación de la planta Etileno XXI en Veracruz, un proyecto donde el dinero, las influencias y los favores políticos se mezclaron sin pudor. Treviño, que había sido director corporativo de Finanzas y después de Administración en Pemex, se encontraba en el corazón de la petrolera cuando estos contratos se ejecutaban.
Hoy, mientras su defensa insiste en que la detención en Estados Unidos es “meramente migratoria” y que cuenta con una solicitud de asilo, la FGR sostiene que su deportación es inminente. Si vuelve a México, el caso promete poner sobre la mesa no solo los detalles de un soborno millonario, sino también las pruebas que podrían hundir aún más a Videgaray y a quienes desde el gabinete presidencial tejieron la red de corrupción.
La caída de Treviño Medina no es un hecho aislado: es un hilo más que se jala de un tejido de poder, dinero y política que, a una década de distancia, todavía exhibe cómo la reforma energética del PRIAN se cocinó no solo en oficinas gubernamentales, sino en salas donde el dinero dictaba la agenda.
Fuentes:
El País, Milenio, Infobae, El Imparcial.
