Universidad de Guadalajara: poder centralizado, resistencias crecientes

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  • Porros agreden a estudiantes que, entre otros problemas, visibilizan la crisis de cupos, falta de docentes y condiciones precarias en los planteles de la UdeG

La Universidad de Guadalajara (UdG) es una de las instituciones educativas más grandes del país. Con un presupuesto superior a los 18 mil millones de pesos para el año 2025, una matrícula que rebasa los 339 mil estudiantes y presencia en toda la entidad a través de 19 centros universitarios, su peso en la vida pública jalisciense es innegable. Pero detrás de estas cifras imponentes se esconde una estructura de poder vertical que ha permanecido intacta durante décadas.

Aunque desde fuera podría pensarse que una institución de tal magnitud es ejemplo de pluralismo y participación democrática, distintas voces al interior denuncian un sistema de control profundamente autoritario. A más de un año del fallecimiento de Raúl Padilla López —quien durante décadas fue la figura central del llamado “Grupo UdeG”— las esperanzas de transformación institucional se han desvanecido. Lejos de abrirse una nueva etapa, la misma red de intereses continúa operando con eficacia.

En marzo del 2019, Padilla López fue captado en el Conjunto Santander de Artes Escenicas, al lado de la actriz Itatí Cantoral, con quien se le relacionó sentimentalmente, lo que él calificó después como “un chisme de mal gusto”.

Control a través de estructuras paralelas

Una de las claves para entender la permanencia del grupo en el poder universitario es la creación de organismos que, bajo la apariencia de representación, cumplen funciones de vigilancia y alineamiento. La Federación Estudiantil Universitaria (FEU), establecida hace más de tres décadas, ha sido denunciada por diversos sectores como una maquinaria que canaliza beneficios —becas, cargos, ascensos— a quienes se alinean con la dirigencia, y margina o reprime a quienes disienten. Esta estructura ha servido, además, como trampolín político para sus dirigentes, muchos de los cuales ocupan hoy puestos dentro y fuera de la universidad.

El control no se limita al estudiantado. También se ejerce a través de los sindicatos universitarios, tanto el de trabajadores administrativos (SUTUdeG) como el de personal académico (STAUdeG). Estas organizaciones, más que representar genuinamente a sus agremiados, han sido cooptadas por liderazgos afines al grupo dominante. El acceso a recursos, promociones y estabilidad laboral depende en gran medida de la lealtad a esta red de poder, lo que limita severamente la posibilidad de crítica o independencia dentro del gremio.

Órganos colegiados, decisiones simuladas

Los espacios formales de deliberación universitaria, como los consejos y rectorías, han sido gradualmente moldeados para funcionar como engranajes de una maquinaria corporativa. Aunque se presentan como órganos democráticos, en la práctica su conformación y funcionamiento responden a una lógica de cuotas, alineamientos políticos y acuerdos internos que garantizan la continuidad del grupo en el poder.

Esta combinación de estructuras estudiantiles, sindicales y administrativas genera una red de control que se retroalimenta y que ha extendido su influencia incluso más allá del ámbito universitario. El Grupo UdeG ha tenido un papel determinante en la creación, sostenimiento o desaparición de partidos políticos locales y ha colocado a sus integrantes en puestos de relevancia dentro del gobierno estatal y federal.

Señales de ruptura

Pese a esta consolidación del poder, empiezan a emerger señales de inconformidad dentro de la propia universidad. En las recientes elecciones del STAUdeG, una planilla opositora encabezada por Tania Méndez obtuvo un porcentaje significativo de votos, a pesar de competir en condiciones desiguales y sin acceso a los canales institucionales de difusión.

Además, desde hace algunos años se han multiplicado los colectivos estudiantiles que exigen mayor transparencia, apertura democrática y participación efectiva en la toma de decisiones. En 2023, un paro en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades puso sobre la mesa demandas básicas, como la elección democrática de representantes y el respeto a los derechos estudiantiles.

El punto más tenso se vivió recientemente, el 10 de septiembre, cuando un grupo de estudiantes se manifestó frente a la Rectoría General con un pliego petitorio, tras lo cual se inició una mesa de diálogo donde el personal de la UdeG se negó rotundamente a la cancelación de las elecciones del Consejo General Universitario.

Tras lo cual, los estudiantes realizaron un plantón y solicitaron donativos de víveres pero el personal de la UdeG no permitió ingresar los alimentos; minutos más tarde,integrantes del Sindicato Único de Trabajadores de la UdG (SUTUDEG), Sindicato de Trabajadores Administrativos del Sindicato de Trabajadores del Hospital Civil, trabajadores de la Coordinación de Seguridad de la UDG, y ex-feuistas, desataron la violencia contra los manifestantes para desalojarlos.

El Consejo General Universitario (CGU) designó a Karla Alejandrina Planter Pérez rectora de la UdeG a partir del 1 de abril del 2025 al 31 de marzo del año 2031.

La universidad ante una encrucijada

La Universidad de Guadalajara está en un momento clave. Mientras sus autoridades siguen promoviendo una imagen de modernidad y excelencia académica, las prácticas autoritarias que han caracterizado su vida interna comienzan a ser cuestionadas con más fuerza por sectores organizados del estudiantado y del personal académico. Prácticas que ahora incluyeron la soldadura de rejas y accesos al CUCEI, para evitar el ingreso del estudiantado inconforme.

La represión reciente no ha hecho más que confirmar lo que muchos ya intuían: el Grupo UdeG no está dispuesto a soltar el control sin resistencia. Sin embargo, el creciente malestar y la organización de nuevas voces al interior de la institución como del CUCBA, CUCEI, CUCS y CUCSH, podrían marcar el inicio de una transformación más profunda y duradera.

Entre las exigencias integradas en sus pliegos petitorios, destacan:

  • Cancelación de las elecciones del Consejo General Universitario por su carácter antidemocrático.
  • Reforma a la Ley Orgánica de la UDG encaminada a la democratización de la universidad.
  • Creación de una Asamblea Estudiantil General abierta a todes les estudiantes sin exclusión, como espacio de decisión legítima.
  • Soluciones reales y verificables a la crisis de cupos, falta de docentes y condiciones precarias en las escuelas.
  • No represalias contra estudiantes.

Lo que está en juego no es sólo el gobierno universitario, sino la posibilidad de construir una universidad verdaderamente pública, incluyente y democrática, que esté al servicio del pensamiento crítico y no del poder político, han expresado los estudiantes que al sentirse en peligro ante el ataque de los porros de la UdeG durante el plantón, optaron por mecanismos como la colecta de firmas que avanza sin contratiempos para irse a paro.

Fotos: redes sociales

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