- Jóvenes y madres trabajadoras fueron expuestos al COVID-19 bajo amenaza de perder su salario

En 2020, mientras el mundo entero se encerraba para salvar vidas, en México hubo un poderoso empresario que decidió desafiar las medidas sanitarias. Ricardo Salinas Pliego, dueño de Grupo Salinas, convirtió la emergencia más grande de nuestro tiempo en un campo de prueba de su arrogancia: mantuvo abiertos call centers, sucursales de Banco Azteca y tiendas Elektra, obligando a miles de empleados a presentarse cada día bajo amenaza de perder su salario.
El costo de esa decisión no fue abstracto. Tuvo nombres, rostros y funerales. Y todavía hoy, las familias de los trabajadores muertos cargan con la pregunta: ¿valió la pena exponerlos por el negocio?
El estudiante que nunca volvió a clase
Rodolfo “Huvy” Cruz Juárez era estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Para sostenerse trabajaba en un call center ligado a Grupo Salinas, contratado mediante outsourcing. En abril de 2020 contrajo COVID-19. No dejó de ir a la oficina, porque no se lo permitieron. Murió el 27 de ese mes, dejando un vacío entre sus compañeros y la rabia de quienes advirtieron que sus vidas eran tratadas como desechables.
No fue el único. Pedro Alejandro Hernández Rodríguez, trabajador del mismo esquema, también perdió la vida. Los call centers, sin ventilación adecuada y con filas interminables de cubículos, se transformaron en incubadoras de contagio, mientras la empresa insistía en que el servicio era “esencial”.
La cajera que pidió ausentarse y terminó muerta
Margara, empleada de Banco Azteca, suplicó que la dejaran ausentarse para protegerse del virus. La respuesta fue un chantaje: si no iba, no le pagarían. Contrajo COVID-19, murió y su madre también falleció tras contagiarse. Una tragedia que podría haberse evitado si se hubiese privilegiado la vida por encima de la caja registradora.
Las puertas traseras de la impunidad
Hubo sucursales clausuradas por operar sin autorización, pero los sellos fueron burlados. Los trabajadores entraban por estacionamientos, mientras directivos argumentaban que los servicios eran indispensables. En paralelo, Salinas Pliego aparecía en televisión minimizando el confinamiento, acusando al gobierno y a la sociedad de exagerar, y enviando un mensaje demoledor a sus empleados: “México los necesita trabajando”.
El discurso empresarial disfrazó la explotación de patriotismo. La realidad fue que quienes se jugaban la vida eran los trabajadores más precarizados.
La factura que nunca pagó el empresario
Ricardo Salinas Pliego nunca asumió públicamente la responsabilidad de las muertes en sus filas. Ninguna autoridad lo obligó a responder por las denuncias. En cambio, su fortuna siguió creciendo y su discurso contra las medidas sanitarias se convirtió en bandera de un sector que antepuso la economía al derecho a la vida.
Cada historia —la del estudiante, la de la cajera, la de decenas de empleados invisibles— demuestra que en Grupo Salinas la pandemia se enfrentó con una consigna brutal: trabajar o morir.
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Fuentes consultadas:
• Infobae. “Murió de coronavirus universitario que trabajaba en Elektra de Grupo Salinas”, 30 de abril de 2020.
• Corriente Alterna (UNAM). “COVID-19: Tras la muerte de Huvy está el capricho de un empresario”, 2020.
• Change.org. “Alto a los despidos en call center de Grupo Salinas tras muertes por COVID-19”, 2020.
• Infobae. “Una cajera de Banco Azteca y su madre murieron de coronavirus luego de que no la dejaron faltar a su trabajo”, 3 de agosto de 2020.
• SinEmbargo. “Pese a la pandemia, Salinas Pliego dice a empleados que sigan y que México los necesita”, 2020.
• Infobae. “El desafío de Grupo Salinas: burla sellos de suspensión de actividades y mete a sus trabajadores por el estacionamiento”, 6 de mayo de 2020.
• El País. “El polémico empresario Salinas Pliego, positivo por coronavirus”, 15 de octubre de 2020.
Foto: Especial
