TV Azteca en Puebla: cuando la mentira se usa como factura

Comparte la nota

La televisora de Salinas Pliego es acusada de convertir la tragedia ajena en moneda de presión para arrancar contratos multimillonarios del erario poblano.

La acusación del Gobierno del Estado de Puebla contra TV Azteca es contundente y va más allá de un diferendo editorial: la televisora estaría chantajeando a la administración estatal mediante una campaña de mentiras, exageraciones y desinformación, con el objetivo de arrancar un convenio de publicidad millonario que, hasta hoy, no existe. Estamos ante una estrategia donde la tragedia se convierte en moneda y el poder mediático en instrumento de extorsión política.

Todo comenzó cuando las cámaras del consorcio de Ricardo Salinas Pliego aprovecharon la emergencia por las afectaciones de la tormenta “Jerry” para amplificar una narrativa: el Gobierno de Puebla no respondía. Sin verificar, sin contexto y sin rigor informativo, se multiplicaron notas, enlaces y supuestas denuncias que apuntaban a una “indolencia” estatal.

Pero el gobierno lo ha dejado claro: el problema no es la crítica —que es válida y saludable—, sino el interés económico oculto detrás de esa narrativa. La presión no fue para ayudar a los damnificados, sino para ayudar a Salinas Pliego a conseguir dinero público.

En su comunicado oficial, el gobierno poblano lamenta una campaña “de denostaciones, mentiras y desinformación” cuyo verdadero objetivo sería forzar la firma de un contrato millonario para beneficio privado. No se trata de libertad de expresión, se trata de un negocio frustrado. Se trata de una televisora que, al no conseguir el trato que quería, decidió golpear desde la pantalla.

El patrón es claro y peligroso:
sin contrato → linchamiento mediático.
con contrato → silencio conveniente.


Esta práctica es ya propia de este medio mercenario. Convertir la cobertura informativa en palanca de cobro significa que el micrófono deja de estar de lado de la ciudadanía y pasa a ser una pistola cargada apuntada al erario público.

Y la pregunta para quienes viven en Puebla es urgente: ¿Cuánto vale la verdad cuando un medio puede manipularla para someter a un gobierno? En esta disputa, la televisora no defiende a la gente. No defiende la transparencia. No defiende la libertad. Defiende su bolsillo.

El Gobierno de Puebla ha decidido no someterse. No pagar por silencio. No comprar la paz mediática. Y eso le ha costado una guerra de mentiras en horario estelar.

Hoy la discusión no es si un medio puede criticar al poder —debe hacerlo siempre—. La discusión es si ese mismo medio está dispuesto a destruir reputaciones y distorsionar realidades cuando un gobernador no le firma el cheque.
Puebla merece un periodismo que cuente qué pasa en las calles, no un periodismo que extorsione desde las oficinas corporativas.

Lo que ocurre hoy en Puebla es una decisión histórica: defender la verdad, aunque TV Azteca la quiera vender, defender el dinero del pueblo, aunque la televisora lo quiera cobrar. Si la información se vuelve negocio sucio, la democracia queda en manos del mejor postor. Y Puebla ya dijo que no está en venta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *