- El resultado fue contundente: el demócrata Taylor Rehmet obtuvo 57.2% de los votos, frente al 42.8% de la republicana Leigh Wambsganss

Austin, Texas; 1 de febrero 2026.— La narrativa de fortaleza electoral del trumpismo comienza a resquebrajarse. En una elección especial que encendió las alertas dentro del Partido Republicano, los demócratas arrebataron el Distrito 9 del Senado estatal de Texas, un territorio que apenas en 2024 había sido ganado por Donald Trump con una ventaja cercana a 17 puntos.
El resultado fue contundente: el demócrata Taylor Rehmet obtuvo 57.2% de los votos, frente al 42.8% de la republicana Leigh Wambsganss. No se trató de un cierre apretado, sino de una diferencia amplia que confirma un cambio real en el ánimo del electorado.
Más allá de un escaño, el mensaje es político: los republicanos están perdiendo terreno incluso donde se sentían intocables. Texas, símbolo histórico del poder conservador, empieza a mostrar fisuras. Distritos que respaldaron con holgura a Trump hoy optan por candidatos demócratas en elecciones legislativas.
Esta derrota se suma a una serie de señales preocupantes para el trumpismo: desgaste de su figura, fracturas internas en el Partido Republicano y un electorado menos dispuesto a comprar el discurso de confrontación permanente. El fenómeno ya no se limita a encuestas; ahora se refleja en urnas.
La victoria demócrata en el Distrito 9 confirma que el capital político de Trump ya no garantiza triunfos automáticos. El mapa electoral estadounidense se mueve, y lo hace en dirección contraria a la narrativa de dominio absoluto que el expresidente intenta sostener.
En pocas palabras: el partido de Trump empieza a caer incluso en casa. Y cuando un bastión se tambalea, el resto del edificio deja de ser sólido.
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