
Felipe Calderón hizo de la erradicación de los pisos de tierra su bandera social. En 2006, al iniciar su sexenio, empeñó su palabra: “Cuando termine mi gobierno, todas las casas del país tendrán piso de cemento”. En 2011, durante una gira en Michoacán, se colocó el casco de constructor y proclamó: “Misión cumplida, palabra cumplida”.
Pero la realidad lo desnudó: más de 600 mil familias mexicanas siguieron viviendo sobre tierra al final de su administración, expuestas a enfermedades, pobreza y abandono. Su palabra quedó en el aire, enterrada bajo los mismos pisos de tierra que juró erradicar.
Promesas rotas y propaganda barata
El programa “Piso Firme” fue vendido como un avance histórico, pero nunca pasó de ser un parche propagandístico. Calderón prometió no sólo cemento, sino también muros sólidos, estufas ecológicas, agua potable, drenaje y caminos para los municipios más pobres. Nada de eso ocurrió.
Mientras en sus discursos hablaba de progreso, en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Durango las familias seguían esperando. En Guerrero, incluso la carretera Metlatónoc–Tlacoachistlahuaca, anunciada como compromiso presidencial en su primera gira, quedó abandonada al 70%. Calderón prometió desarrollo, pero entregó rezago.
Corrupción: la otra cara del “piso firme”
Lejos de ser un programa de justicia social, “Piso Firme” se convirtió en un festín de irregularidades. La Auditoría Superior de la Federación documentó pagos adelantados, obras inconclusas y padrones falsos. Delegados de Sedesol reportaban metas cumplidas al 100% mientras las casas seguían sin obra.
Un reportaje de El Universal (2011) reveló que en al menos ocho estados —entre ellos Veracruz, Puebla y Michoacán— el programa se usó con fines electorales, hubo licitaciones amañadas, pisos de mala calidad y explotación de trabajadores. En Veracruz, familias tuvieron que endeudarse para pagar el acarreo del material; en Puebla, comunidades fueron censadas pero jamás vieron el cemento. El “piso firme” terminó siendo negocio para unos cuantos y decepción para miles de pobres.
El saldo de la palabra rota
La cifra es lapidaria: 2.5 millones de pisos entregados, según el gobierno, pero más de 600 mil hogares quedaron olvidados. Calderón utilizó el programa como escaparate político, no como una política integral de vivienda. En los estados más pobres, el censo de 2010 mostró que el rezago persistía: Veracruz, Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla concentraban más de la mitad de las viviendas con piso de tierra.
El legado de Calderón no fue la erradicación de la pobreza, sino la confirmación de una vieja práctica: prometer lo imposible, maquillar cifras y lucrar con la necesidad. Su famosa frase “palabra cumplida” quedó como un recordatorio de que la propaganda presidencial puede más que la verdad en el México de los gobiernos del pasado.
Fuentes: Con información de Marcela Turati, Proceso (2012); Liliana Alcántara, El Universal (2011).
