En un Perú fragmentado con política de baja calidad, Keiko Fujimori encabeza prefencias electorales

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Lima, Perú; 10 de abril 2026.— La democracia peruana enfrenta este 12 de abril de 2026 una encrucijada crítica: demostrar si su sistema puede estabilizarse o si profundizará su fragmentación. Con una oferta inaudita de 35 aspirantes presidenciales, la jornada electoral se perfila como la más impredecible en décadas, marcada por una dispersión del voto que garantiza, según todos los sondeos, una inminente segunda vuelta.

Con el triunfo electoral de Pedro Castillo en el año 2021, Keiko Fujimori perdió por tercera ocasión; en su actual y cuarto intento por ganar la presidencia de Perú, lidera las preferencias con un 16% como punta de lanza del partido Fuerza Popular. Su trayectoria transita entre la aspiración presidencial y un complejo laberinto judicial al arrastra un expediente cargado de sospechas sobre blanqueo de capitales, financiamientos bajo la mesa y esquemas de soborno que han marcado sus últimas campañas.

La herencia Fujimori: procesos judiciales

La heredera del legado político del fallecido expresidente de Perú, Alberto Fujimori, sobre el que pesaron procesos judiciales por crimenes de lesa humanidad y corrupción, actualmente es señalada de ser el motor de un sistema “mafioso” que paraliza al Congreso y fractura la democracia, mientras ella se atrinchera en una narrativa de resistencia, desestimando las acusaciones que califica como una campaña de “bullying” político para frenar su avance.

Apenas en enero de este año 2026, un juzgado de la Corte Superior Nacional de Justicia Penal Especializada de Perú ordenó el archivo definitivo de un juicio por lavado de activos y organización criminal contra la actual candidata presidencial.

Fijimori es seguida por un pelotón de candidatos que no logran superar el umbral del 10%, entre los que figuran Ricardo Belmont, Carlos Álvarez y Roberto Sánchez. Esta pulverización del respaldo popular refleja, a decir de expertos, un electorado sin lealtades que define su voto en los últimos días, dejando la gobernabilidad en un terreno de total incertidumbre, señalan expertos desde Perú.

Señalan degradación del sistema político de Perú

Para el politólogo Eduardo Dargent, este escenario es el síntoma de una crisis estructural donde las organizaciones han sido desplazadas por figuras individuales. El académico advirtió que tras los debates se percibe una “degradación muy fuerte del sistema político en el Perú, que desde hace años es de amateurs. De desprestigio rápido de los que llegan, porque no llegan organizaciones sino personas”.

En el análisis de la calidad democrática, Dargent calificó el actual proceso como un punto de quiebre negativo para la nación andina: “con candidatos enanos que tienen 10 por ciento o menos, esta elección es la radicalización de todo eso. Es el momento más bajo de la calidad de política que yo recuerde. Esta “enanización” de la política ha desplazado de la agenda pública temas urgentes como la inseguridad y el narcotráfico, asegura.

Finalmente, la analista Omayra Peña resaltó que la saturación de candidatos en los encuentros televisados ha generado una desconexión profunda con la ciudadanía. Según su diagnóstico, “el debate no ha sido definitorio… es muy difícil seguir dos semanas de debate con tantas personas”, lo que alimenta una desafección social hacia una clase política que parece incapaz de articular soluciones en medio de una economía que, pese a todo, se mantiene resiliente.



Foto: Cortesía

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